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miércoles, 29 de julio de 2026

Juan Carreño Trayectoria

Juan García Santiago

(Juan Carreño)

Biografía oficial

Juan García Santiago, conocido públicamente por el seudónimo Juan Carreño, es un activista social, mediador, escritor y divulgador español, cuya labor se ha centrado en la defensa de los derechos del pueblo gitano, la protección de los consumidores y la recuperación de la memoria histórica romaní.

Su actividad pública se ha desarrollado principalmente en Andalucía y la Región de Murcia, participando en proyectos educativos, sociales y culturales orientados a promover la igualdad de oportunidades, la inclusión social y el reconocimiento de la identidad del pueblo gitano.

Orígenes

Nacido en España en 1968, pertenece a una familia gitana andaluza. Desde joven mostró interés por la historia de su pueblo, la justicia social y la defensa de los sectores más vulnerables, valores que marcarían posteriormente toda su trayectoria pública.

Trayectoria social

A lo largo de su carrera ha participado en diversas iniciativas de mediación e intervención social, colaborando con asociaciones, administraciones públicas y entidades del tercer sector.

Entre las responsabilidades públicas documentadas figura su actividad como delegado de la Federación Autonómica de Asociaciones Gitanas (FAGA) en la Región de Murcia, donde participó en proyectos de mediación educativa y programas dirigidos a favorecer la inclusión escolar del alumnado gitano y la colaboración entre familias, centros educativos e instituciones.

Asimismo, ha desarrollado una intensa actividad en la defensa de los consumidores mediante labores de orientación, información y apoyo en reclamaciones frente a empresas y administraciones.

Escritor y divulgador

Bajo el nombre de Juan Carreño, ha publicado artículos dedicados a la historia del pueblo gitano, la memoria histórica, los derechos humanos y la justicia social.

Entre los temas que aborda destacan:

- La Gran Redada de 1749.
- El Samudaripen o genocidio del pueblo gitano.
- La historia del pueblo gitano en España.
- La cultura y las tradiciones romaníes.
- La fe cristiana y su dimensión social.
- La defensa de la igualdad y la convivencia.

Su estilo combina investigación histórica, reflexión social y un lenguaje divulgativo dirigido al público general.

Pensamiento

Gran parte de su producción escrita gira en torno a cuatro principios:

- La defensa de la dignidad del pueblo gitano.
- La recuperación de la memoria histórica.
- La igualdad de derechos y oportunidades.
- La importancia de la educación como instrumento de transformación social.

En numerosos escritos reivindica el reconocimiento institucional de episodios históricos sufridos por el pueblo gitano y promueve el diálogo intercultural como base de una sociedad más justa.

Actividad cultural

Ha impulsado iniciativas de divulgación sobre fechas de especial relevancia para la comunidad gitana, entre ellas el Día Internacional del Pueblo Gitano, el recuerdo del Samudaripen y la conmemoración de la Gran Redada de 1749.

Publicaciones

Entre sus principales líneas de trabajo destacan:

- Historia del pueblo gitano.
- La Gran Redada de 1749.
- Samudaripen.
- Derechos del pueblo gitano.
- Cultura e identidad romaní.
- Artículos de opinión sobre actualidad social.
- Reflexiones cristianas y valores familiares.

Reconocimientos

Su reconocimiento proviene principalmente de su trabajo en el ámbito asociativo y de la divulgación histórica y social. No constan, en las fuentes públicas consultadas, distinciones oficiales de ámbito estatal ampliamente documentadas.

Legado

La trayectoria de Juan García Santiago se caracteriza por la defensa constante de la memoria, la identidad y los derechos del pueblo gitano, así como por su compromiso con la justicia social y la protección de los consumidores. Su obra pretende contribuir al conocimiento de la historia romaní, combatir los prejuicios y fomentar una convivencia basada en el respeto, la igualdad y la dignidad de todas las personas.

domingo, 26 de julio de 2026

El Tío José Torres de Osuna

La noche del 30 al 31 de julio de 1749: la noche en que quisieron borrar a un pueblo
Hay noches que no terminan cuando amanece. Hay noches que atraviesan los siglos y siguen respirando en la memoria de quienes heredaron el dolor de sus antepasados. 

La noche del 30 al 31 de julio de 1749 fue una de ellas.
Mientras España dormía, el poder ya había decidido el destino de miles de hombres, mujeres y niños gitanos. No fueron detenidos por haber cometido un delito. 
No fueron juzgados por ningún tribunal. No hubo defensa, ni acusación, ni justicia. Su única culpa era haber nacido gitanos.

Todo había sido preparado con precisión. Existían censos. Se sabía dónde vivía cada familia, dónde estaban sus casas, sus fraguas, sus herramientas, sus animales y los modestos bienes levantados con años de trabajo honrado. La operación no fue improvisada: fue planificada desde las más altas instituciones del Estado.
Con las puertas de muchas ciudades cerradas para impedir cualquier huida, soldados y autoridades irrumpieron de madrugada en los hogares gitanos. La oscuridad fue cómplice de una decisión política que hoy continúa siendo una de las páginas más silenciadas de nuestra historia.
Entonces comenzó el desgarramiento.
Los niños mayores de siete años fueron arrancados de los brazos de sus madres para ser enviados junto a los hombres a galeras, arsenales, presidios, minas como las de Almadén y otros lugares de trabajos forzados. 
Las mujeres fueron conducidas a casas de misericordia, conventos de clausura o destinadas al servicio de familias aristocráticas, privadas de su libertad y de su vida.
En una sola noche se rompieron familias enteras. Se quiso romper también la continuidad de un pueblo.
Los bienes fueron confiscados. Las viviendas, las fraguas, los animales, el dinero, las herramientas de trabajo... todo quedó inventariado y vendido. 
Los propios documentos conservados en los archivos muestran un nivel de detalle estremecedor. Pilar Távora rescató uno de esos inventarios donde, junto a la casa y el dinero de un matrimonio gitano, aparecían anotadas dos camisas, una pequeña caja con un espejo, dos peines y un rosario. 
Hasta esos objetos íntimos fueron subastados para sufragar el coste del cautiverio de quienes habían sido encarcelados sin haber cometido delito alguno.

No solo les arrebataron la libertad. Les arrebataron incluso el derecho a conservar los recuerdos más humildes de una vida.
Aquella operación fue impulsada durante el reinado de Fernando VI, bajo la dirección del marqués de la Ensenada y con la participación de altas autoridades de la época, entre ellas el obispo Diego de Rojas y Contreras, conocido como obispo de Oviedo, cuya colaboración fue relevante en la ejecución del plan. Su propósito era acabar con la presencia del pueblo gitano como comunidad diferenciada mediante la separación forzosa de hombres y mujeres e impedir así su continuidad.

Aquel intento de genocidio dejó heridas que nunca terminaron de cicatrizar.
Sin embargo, la historia oficial apenas ha reservado unas líneas para aquellos acontecimientos. 
No ocupa el lugar que merece en los libros de texto. 

Tampoco se estudia en las universidades. Generaciones enteras han terminado sus estudios sin saber que una madrugada de 1749 miles de ciudadanos fueron perseguidos únicamente por pertenecer al pueblo gitano.
El silencio también puede convertirse en una forma de injusticia.
Hoy no reclamamos venganza. 
No pedimos que se nos devuelvan las casas, el dinero, las fraguas o las pertenencias que los archivos demuestran que fueron confiscadas. 

El tiempo no puede devolver lo que arrebató la violencia.
Lo que reclamamos es algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más profundo: verdad, reconocimiento y memoria.

Porque un pueblo que desconoce el sufrimiento de una parte de su propia historia nunca termina de conocerse a sí mismo.
Reconocer la Gran Redada en toda su dimensión no divide a España. La hace más digna. 

No abre heridas; permite cerrarlas con la verdad. 
Porque solo cuando una sociedad es capaz de mirar de frente sus páginas más oscuras puede construir un futuro verdaderamente justo.
La madrugada del 30 al 31 de julio de 1749 no pertenece únicamente al pueblo gitano.
Pertenece a la conciencia de todos.
Jose torres de  Osuna

viernes, 24 de julio de 2026

Chipé Gitano Asesinado en Cartagena

decisión rápida y lo hizo. Estaban atrapados en la calle Sor Francisca Armendáriz y la muchedumbre comenzó a zarandear y golpear el vehículo. Antonio Martínez Norte lo vio claro. Sacó su arma y dirigiéndose a el Chipé le dijo: “Chipé, te voy a hacer un favor”. El detenido recibió un disparo en la base del cráneo que le causó la muerte. Seguidamente, Martínez Norte lo sacó del vehículo entregando el cuerpo del malogrado Chipé a la chusma y así, ante la confusión, el coche pudo abandonar el lugar.

 Muchos de los allí concentrados quedaron sorprendidos al ver el cadáver inerte a sus pies. La mayoría fue abandonando el lugar pero los más exaltados, un grupo de unos trescientos no conforme con su muerte, buscaron cuerdas, lo ataron por la cabeza y lo llevaron arrastrando hasta el Paseo de los Mártires de la Libertad, hoy Paseo de Alfonso XIII. Se dirigieron luego a la casa del veterinario Ramón Mercader, conocido derechista y protector de el Chipé, que lo contrataba como conductor de su carro para los viajes y también de guardaespaldas. Al llegar a la Plaza de España, se detuvieron donde vivía Mercader gritando: “Aquí tienes a tu protegido, tu cochero ha sido ajusticiado”.

 La marcha continuó por la calle del Carmen, Puertas de Murcia, calle Mayor y Plaza del Ayuntamiento en dirección al puerto. La cabeza de el Chipé golpeaba contra los adoquines. Llegados al muelle se les ocurrió que hacía mucho calor y pensaron en darle un remojón al cadáver, que debía de estar acalorado después de tan largo paseo. Después se dirigieron por el Paseo del Muelle hacia la zona de bares que se instalaban en verano. En la terraza del bar La Palma Valenciana colgaron el cadáver, después lo descolgaron y, atándolo por los pies, continuaron arrastrándolo hasta la Cuesta del Batel. Al llegar a las Puertas de San José, en la Plaza Bastarreche, lo rociaron de gasolina e intentaron prenderle fuego, pero el cuerpo no ardía ya que aún estaba mojado, así que pensaron que ya había sido suficiente y allí abandonaron el cadáver. Tuvo que ser a la mañana siguiente cuando miembros de la Cruz Roja recogieron al difunto y lo trasladaron al cementerio de los Remedios.

La muerte y posterior vejación del cadáver de el Chipé ha quedado en el recuerdo popular, surgiendo el dicho «te has de ver como el Chipé«, utilizado para dar a entender a otro el peligro de continuar en su postura errada.


martes, 21 de julio de 2026

La Puerta de Segura Jaén

La Puerta de Segura
Donde el río besa la piedra
y el puente abraza el ayer,
se detiene el alma en silencio
para aprender a volver.
Casas blancas de mil recuerdos,
montañas vestidas de sol;
cada rincón guarda una historia,
cada esquina, un corazón.
El agua pinta los reflejos
como un lienzo al atardecer;
y el tiempo, con manos de artista,
convierte la vida en ayer.
La Sierra susurra despacio
secretos que el viento llevó;
y quien pisa esta bendita tierra
ya nunca la olvida, por Dios.
La Puerta de Segura eterna,
tesoro de Jaén sin igual;
quien bebe de tus paisajes
siempre te vuelve a soñar.
Juan Carreño

viernes, 17 de julio de 2026

Juan Carreño

La Palabra
La mejor herramienta que tiene el hombre
no la forja el hierro ni la talla el fuego;
nace en el alma, cruza los labios
y deja huellas donde pisa el tiempo.
Con una palabra se levanta un caído,
se calma una tormenta,
se abraza una herida
y se enciende una esperanza.
Pero también una palabra sin conciencia
puede romper lo que el corazón tardó años en construir.
Por eso, antes de hablar,
deja que el corazón aconseje a la lengua,
porque quien honra su palabra
honra también su nombre.
La mejor herramienta que tiene el Hombre es la Palabra.

miércoles, 24 de junio de 2026

Juan Carreño y su Sierra de Segura

El aire fresco acaricia mi rostro
como la brisa del otoño entre los montes.
En plena Sierra de Segura siento su aliento,
limpio y sereno, despertando recuerdos dormidos.
Siempre fue un sueño roto,
una ilusión guardada en el rincón del alma,
pero hoy, en la madurez de mis años,
vuelve a cobrar vida y sentimiento.
Sierra de Segura, tierra querida,
ya te añoro incluso antes de llegar,
porque en ti descansan mis raíces,
mis recuerdos y mi verdad.
— Juan Carreño.

domingo, 7 de junio de 2026

Jerez y su Gitaneria

Mi Sobrina Samara Amador Garcia en Jerez el Sitio más Gitano de Andalucía ,donde ser Gitano es un Lujo donde no existe el Racismo , donde a los Gitanos se les llama Flamencos ....Andalucía También es Gitana ya lo dice un eslogan , un abrazo Gitano a todas y todos los Jerezanos .

jueves, 28 de mayo de 2026

Instituto de Cultura Gitana

🏅✨ ¡Celebramos que dos personas gitanas, un hombre y una mujer, han sido galardonadas con la Medalla de Oro en las Bellas Artes del Ministerio de Cultura. 

🎤 José Mercé, cantaor flamenco jerezano, referente internacional del cante y heredero de una larga tradición familiar gitana del flamenco.

👗 Juana Martín, diseñadora de moda cordobesa y la primera mujer gitana en desfilar en la Semana de la Alta Costura de París. También fue premiada por el Instituto de Cultura Gitana. 

📍 La ceremonia tuvo lugar ayer en el @teatroderojas, presidida por Sus Majestades los Reyes y el ministro de Cultura. La Medalla de Oro en las Bellas Artes es la máxima distinción cultural que otorga el Gobierno de España.

✨ ¡Enhorabuena por este reconocimiento! El pueblo gitano sigue dejando huella en la cultura de nuestro país.

Ministerio de Cultura Gitana 

domingo, 5 de abril de 2026

8 DE ABRIL DIA INTERNACIONAL DEL PUEBLO GITANO 2026

 

ANTIGITANISMO INSTITUCIONAL: EL SILENCIO DE LOS AYUNTAMIENTOS DE LA REGIÓN DE MURCIA EL 8 DE ABRIL

Cada 8 de abril se conmemora el Día Internacional del Pueblo Gitano, una fecha reconocida oficialmente en España y respaldada por el propio Estado como símbolo de memoria, dignidad y lucha contra la discriminación.

Sin embargo, en la Región de Murcia, esta fecha sigue siendo, en demasiados municipios, una conmemoración invisible, secundaria o directamente ignorada por muchos ayuntamientos. Y eso no es casualidad. Eso tiene nombre: antigitanismo institucional.

Porque el antigitanismo no solo se expresa en insultos o agresiones. También se manifiesta en lo que no se hace. En la ausencia de reconocimiento. En la falta de voluntad política. En la

invisibilización sistemática de un pueblo que lleva más de 600 años formando parte de la historia de España.

Mientras en otras ciudades de España se izan banderas, se iluminan edificios públicos y se aprueban declaraciones institucionales con participación activa de las administraciones, en muchos ayuntamientos murcianos el 8 de abril pasa sin pena ni gloria, relegado a actos puntuales impulsados casi exclusivamente por entidades sociales y no por las instituciones que deberían liderarlos.

Sí, es cierto que algunos municipios como Murcia, Alcantarilla o Las Torres de Cotillas han realizado actos simbólicos en colaboración con entidades como la Fundación Secretariado Gitano.
Pero esto no es suficiente. No se trata de gestos aislados ni de actos de trámite. Se trata de institucionalizar el reconocimiento, de asumir responsabilidades políticas y sociales, y de garantizar que esta fecha tenga el mismo peso que otras conmemoraciones oficiales.

La realidad es que el pueblo gitano sigue teniendo que reivindicar lo que ya debería estar garantizado: reconocimiento, igualdad y respeto.
Y cuando las administraciones públicas no lideran ese reconocimiento, están enviando un mensaje claro: que la historia, la cultura y los derechos del pueblo gitano siguen siendo de segunda categoría.

Esto es especialmente grave si tenemos en cuenta que el propio Estado español ha reconocido el antigitanismo como una forma específica de discriminación, incluso tipificada como agravante en delitos de odio.
¿Cómo es posible entonces que a nivel local no exista un compromiso firme y homogéneo para visibilizar y dignificar al pueblo gitano en una fecha tan señalada?

No institucionalizar el 8 de abril no es neutral.
Es una forma de exclusión.
Es una forma de perpetuar el olvido.
Es, en definitiva, una forma de racismo estructural.

Los ayuntamientos de la Región de Murcia deben asumir su responsabilidad. No basta con financiar programas sociales o colaborar puntualmente. Eso es necesario, sí, pero no sustituye el reconocimiento simbólico y político que representa una conmemoración institucional.

El pueblo gitano no necesita favores. Exige derechos.
No pide visibilidad. Exige reconocimiento.
No reclama actos simbólicos vacíos. Reclama compromiso real.

Porque mientras el 8 de abril no sea una fecha plenamente institucionalizada en todos los municipios, seguiremos hablando de desigualdad. Seguiremos hablando de discriminación. Seguiremos hablando, sin rodeos, de antigitanismo institucional.


lunes, 2 de marzo de 2026

Muere Mi Perrita Chula

Hoy 28 de Febrero del 2026 muere mi Perrita Chula después de 14 años de vida y nos deja un gran vacío por qué fue una mascota ejemplar .

sábado, 21 de febrero de 2026

Un homenaje en La Moncloa a la cultura gitana y a su "historia de resistencia" pone el broche a un año de reivindicación


Un homenaje en La Moncloa a la cultura gitana y a su "historia de resistencia" pone el broche a un año de reivindicación
Sánchez promete luchar contra los "estereotipos que hieren" y los discursos de odio "que arrecian como nunca antes"
El acto pone fin a las conmemoraciones del 600 aniversario de la llegada del pueblo gitano a España
Especial informativo - Gelem, gelem. Homenaje al pueblo gitano - Especiales informativos | Verreproducir video01h 14 min
Especial informativo - Gelem, gelem. Homenaje al pueblo gitano
La Moncloa ha acogido este sábado un emotivo y reivindicativo homenaje al pueblo gitano como broche de oro a las conmemoraciones del 600 aniversario de su llegada a España, celebrado en 2025. En la ceremonia, que ha contado con la presencia del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, activistas y artistas gitanos han destacado la historia de persecución y lucha por la dignidad de esta etnia en nuestro país.

"Celebramos seis siglos de presencia continuada, de historia compartida y de contribución constante a la identidad cultural de nuestro país", ha destacado la vicepresidenta del Consejo Estatal del Pueblo Gitano, Carmen Santiago. Es un acto cultural, pero también una reivindicación "de los derechos que nos han sido negados", ha apuntado.

Homenaje en La Moncloa al pueblo gitano | Verreproducir video01.19 minHomenaje en La Moncloa a la cultura gitana y a su "historia de resistencia"
"Nuestra historia no está escrita en los libros de texto, es una historia de persecución y resistencia frente a la exclusión", ha señalado, un "ejemplo de supervivencia cultural, de dignidad y orgullo que se han mantenido generación a generación pese a la adversidad".

Que la persecución no sea "tan agresiva como era hace 600 años", ha señalado por su parte la escritora y conductora del homenaje Noelia Cortés, "no significa que no haya desigualdades", barrios segregados y altos índices de pobreza. El evento iba a celebrarse en enero, pero fue aplazado por el accidente ferroviario de Adamuz. El aniversario conmemora el salvoconducto otorgado por el rey Alfonso V de Aragón a los gitanos en 1425, tal y como ha explicado Cortés.

El acto, en el que han sido homenajeados con varias distinciones nombres históricos de la música y del activismo por los derechos de la etnia, ha estado cargado de arte y emoción desde el inicio, con la interpretación del himno gitano 'Gelem, gelem' por parte de la cantaora Lela Soto y el guitarrista Diego del Morao. Más adelante, el cantante Israel Fernánez ha homenajeado a Camarón de la Isla, acompañado de Del Morao, Ane Carrasco al cajón y las palmas de Marcos Carpio y Ángel Moreno 'Pirulo'.

Mientras que el artista de solo 16 años Juanito Cortés ha pintado un cuadro en directo, que finalmente ha regalado a Sánchez. La obra pertenecerá a la galería del Palacio de la Moncloa, ha anunciado el presidente.
https://www.rtve.es/noticias/20260221/homenaje-pueblo-gitano-directo-video-cronica/16947181.shtml?fbclid=IwdGRjcAQG7R1jbGNrBAbsD2V4dG4DYWVtAjExAHNydGMGYXBwX2lkDDM1MDY4NTUzMTcyOAABHvHFcIMzRiEbfZDQvN5lyd7fAT8iVJAI4Rv6uzSy9JLkWKkL6eRt3MeOgpZp_aem_3VLbIp9ZPj1Sa0LO1Ne_Wg

viernes, 20 de febrero de 2026

BODA GITANA Y SUS COSTUMBRES DE ANTAÑO

LA POBLACIÓN DE ETNIA GITANA EN LA SIERRA DE SEGURA EN LA EDAD MODERNA

 

Análisis de la presencia de población de etnia gitana en la Sierra de Segura en la Edad Moderna, por Carlos Javier Garrido García.

INTRODUCCIÓN

Pese a que al llegar a Europa Occidental los mismos gitanos indicaron que su origen se situaba en Egipto, por lo que fueron denominados «egipcianos» (de ahí el origen de su nombre), lo cierto es que por sus características lingüísticas y raciales su origen debe situarse en la India.

La población de etnia gitana, al asentarse en Europa Occidental, muestra una serie de características, como el empleo de un idioma y traje propios; un comportamiento religioso heterodoxo, que hacía que las autoridades la calificaran indistintamente de ateos, agnósticos, idólatras o paganos, con importantes prácticas de curandería y brujería; y un modo de vida nómada, que los llevaba a emplearse preferentemente en oficios como el herraje de animales de tiro y de labor, la compraventa de ganado y la venta ambulante de variados productos, como la quincalla o la cestería.

Estas características, pronto convertidas en prejuicios estigmatizadores, fueron la justificación de la represión de la que será objeto este grupo étnico.

Su asentamiento en la Península se llevó a cabo sobre todo en las zonas litorales del sur y levante, especialmente en las provincias andaluzas. Frente a ello, el norte y centro peninsular vieron pocas familias asentarse en ellas.

Este fue el caso también de la Sierra de Segura, donde la presencia de población de etnia gitana fue muy escasa, pero no nula. El objetivo de este trabajo es aportar una síntesis de investigaciones más generales llevadas a cabo por distintos investigadores a nivel nacional o específicos de la región de Murcia. Hay que recordar que durante la Edad Moderna la Sierra de Segura perteneció al reino de Murcia.

LA POBLACIÓN DE ETNIA GITANA EN LA ESPAÑA MODERNA: DE LA ACOGIDA A LA REPRESIÓN

La población gitana llegó a Europa en el siglo XIV. Un siglo después entran en España, con el pretexto de ser refugiados político-religiosos frente al expansionismo turco, por lo que estos «egipcianos» fueron favorablemente acogidos. Así, las primeras noticias de su llegada en la actual provincia de Jaén se localizan en Jaén en 1462 y Andújar en 1470.

Sin embargo, las características singulares del grupo, sobre todo su cristianismo puesto en duda y su nomadismo, hicieron que se vieran afectados por la política de uniformización religiosa y establecimiento de un estado autoritario por los Reyes Católicos. Así, en 1499 se impone a la población gitana la alternativa entre la expulsión o el abandono del nomadismo asentándose como labradores, una medida que fue ratificada por Carlos I en 1525, 1528 y 1534, y por Felipe II en 1560. Se inicia así una política de sedentarización forzosa que se va a mantener a lo largo de toda la Edad Moderna, en ocasiones tomando medidas más extremas, como la real cédula de 19 de diciembre de 1572 que encargaba la captura de los gitanos aptos para el trabajo, tanto nómadas como avecindados, para servir como remeros en las galeras, los primeros como castigo por no cumplir las normas de sedentarización y los segundos a cambio de un sueldo, todo ello con el objetivo de suplir las bajas de remeros provocadas por la batalla de Lepanto del año anterior. Del mismo modo, los gitanos incumplidores de las órdenes reales fueron también condenados a trabajo forzado en las minas de Almadén. 

Así, tras no aplicarse medidas más extremas tendentes al exterminio, como la solicitada por las Cortes castellanas en 1594 y que consistía en separar a hombres y mujeres de esta etnia para evitar su reproducción, a lo largo del siglo XVII se van estableciendo medidas de sedentarización. En 1619 y 1633 se les exige su avecindamiento en una localidad para que la convivencia con la población local borrara sus rasgos étnicos singulares; se les prohíben sus nombres, lengua, traje y bailes característicos; y se les prohíbe también abandonar sus localidades sin autorización. En 1695, ya denominados como «castellanos nuevos», se les obliga a listarse en sus poblaciones, a no trabajar en la venta de animales y a trabajar obligatoriamente en la agricultura.

Todas estas medidas se endurecieron en el siglo XVIII. Así, en 1717 se establecieron 41 ciudades como residencias exclusivas de gitanos, donde serían estrechamente vigilados y no podrían salir sin autorización escrita. En 1746 a estas 41 ciudades se añadieron 34 ciudades más y su ordena un alistamiento que, junto a la anulación de su derecho de asilo en las iglesias concedido por el Papa en 1748, prepara la «Gran Redada» o captura de la población de esta etnia.

Esta se produjo en el verano de 1749, siendo apresados todos los gitanos y separados los hijos de sus padres. Las mujeres fueron encarceladas y los hombres útiles para el trabajo fueron recluidos en los Arsenales de la Marina. Estas drásticas medidas provocaron protestas no sólo de la víctimas, sino también de las autoridades locales, por lo que el rey terminó ordenando la liberación de los gitanos que estuvieran avalados por las citadas autoridades. Sin embargo, la liberación completa no llegó hasta 1763, cuando los últimos gitanos que quedaban en los arsenales fueron liberados.

Finalmente, en 1783 una nueva pragmática vuelve a confirmar las medidas de sedentarización y control, elaborándose como consecuencia de ello los censos de población de etnia gitana entre 1783 y 1785.  Para entonces, como indica Leblon, tres siglos de represión habían disminuido su número y mayoritariamente ya habían abandonado el nomadismo y lo esencial de su lengua y su cultura, pese a lo cual pervivió su marginación por parte de la sociedad mayoritaria.

LA POBLACIÓN DE ETNIA GITANA EN LA SIERRA DE SEGURA

En principio, fueron pocas las familias de etnia gitana asentadas en la Sierra de Segura. Su escasa población y actividad económica, aislamiento y carácter montañoso la hacían menos atractiva que otras zonas próximas como el Levante Peninsular, el Valle del Guadalquivir o el reino de Granada, este último además con grandes facilidades de asentamiento por el vacío demográfico creado por la expulsión de los moriscos en 1570.

Mapa que muestra la presencia de personas de etnia gitana en las distintas provincias españolas según los registros de 1783-1785. Como se puede apreciar, estos se asentaron principalmente en Sur y Levante peninsular. Fuente: Bernard Leblon: «El Gran fichero de los Gitanos de España».

Así, en los registros parroquiales de Siles de la segunda mitad del siglo XVI y de Santiago de la Espada de finales del XVI y Principios del XVII no hay constancia de ningún bautismo de personas de esta etnia. La primera referencia que tenemos en la Sierra de Segura data de 1572 cuando la justicia de Segura de la Sierra comunicó el apresamiento de un gitano «que andaba huido por esta Sierra» para evitar ser llevado a galeras, es decir, se trataba de una persona no avecindada en esta zona que la había escogido para esconderse de las autoridades por su ya citado carácter montañoso y aislamiento.

A lo largo del siglo XVII se hubieron de establecer en la Sierra de Segura familias de etnia gitana, pero estas fueron eliminadas con las normas de 1717 que establecían su asentamiento en localidades de más de 1.000 vecinos. Cuando las localidades donde se podían asentar fueron aumentadas en 1746, se incorporaron algunas cercanas a la Sierra de Segura como Hellín, Úbeda, Baeza y Mancha Real.

Pese a ello, en la «Gran Redada» de 1749, fueron capturadas dos familias asentadas en la Sierra. Así, la justicia de Orcera remitió a la Caja de Murcia  una familia compuesta por Juan de Castro (32 años), su mujer María Fernández (22 años), sus hijos Pedro Julián de Castro (3 años) y Constanza de Castro (1 año) y su padre Juan Fabián de Castro (68 años). Por su parte, la justicia del Hornillo (Santiago de la Espada) remitió una familia integrada por Pedro Antonio García (26 años), su mujer Isabel Fernández (26 años) y sus hijos Francisco García (7 años) y Pedro García (6 años).

Como consecuencia de todo ello, la presencia gitana a finales del siglo XVIII era muy escasa en la Sierra de Segura. Así, en el registro de 1783 sólo consta la presencia de Orcera de la familia de Juan de Torres y su mujer, mientras que se indica que en Siles, Torres, Hornos, Benatae, Génave, La Puerta, Santiago de la Espada, Villarrodrigo y Segura de la Sierra «no hay».

En los registros de 1784-1785 tenemos avecindado en Orcera al citado Juan de Torres, que había nacido en Tíjola (Almería)  y que en 1776 había sido condenado a 6 años de prisión en el Peñón de Alhucemas, seguramente por no cumplir las órdenes reales de sedentarización. Tras cumplir su condena, se estableció en Orcera, donde ya residía en 1783. Se dedicaba a variados oficios, como herrero, esquilador y canastero, es decir, haciendo «obras de mimbre y sarga», aunque todos ellos con dificultad, ya que estaba «impedido del brazo derecho». Este Juan de Torres estaba casado con Teresa Fernández, sin que conste que tuvieran hijos, aunque dada su edad al efectuarse el registro (60 años), puede que de haberlos tenido estos estuvieran ya emancipados y residieran en otras zonas.

Además de esta familia, consta la residencia en Santiago de la Espada de Pedro Jiménez, que había nacido en esa localidad en 1752. Estaba soltero y en 1782 había sido encarcelado en la cárcel de su localidad acusado de no tener ocupación fija (vagancia). Cuando se efectúa el registro de 1784 se fija su residencia en Santiago de la Espada, cosa que no ocurría en el registro de 1783. Puede que como consecuencia de su encarcelamiento un año antes se ausentara de su localidad, a la que acabó volviendo. 

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

  • Leblon, Bernard: El Gran Fichero de los Gitanos de España (siglos XV al XVIII). Historia de un genocidio programado. Madrid: Asociación de Enseñantes con Gitanos, 2017.
  • Martínez Martínez, Manuel: «Los gitanos en el reinado de Felipe II (1556-1598). El fracaso de una integración». Chronica Nova, 30 (2003-2004), pp. 401-430.
  • Martínez-Dhier, Alejandro: «<Expulsión o asimilación, esa es la cuestión>. Los gitanos en Castilla durante el gobierno de la Monarquía Absoluta». Revista de la Inquisición, 15 (2011), pp. 173-230.
  • Melendreras Gimeno, María del Carmen: «Aportación al estudio de un grupo marginado: los gitanos en Murcia durante el siglo XVIII, a través de las diferentes pragmáticas». Anales de la Universidad de Murcia. Letras, nº 2-3-4 (1981), pp., 81-137.
  • Peñafiel Ramón, Antonio: «Gitanos en Murcia en la primera mitad del siglo XVIII. ¿Integración o extinción?». Anales de Historia Contemporánea, 4 (1985), pp. 7-34.
  • Peñafiel Ramón, Antonio: «Los gitanos en España y región de Murcia. Seis siglos de marginación». Anales de Historia Contemporánea, 25 (2009), pp. 37-56.

Personas de etnia gitana realizando una de sus actividades tradicionales: compra y venta de ganado. Fuente: ungitanodepalabra.blogspot.com


INTRODUCCIÓN

Pese a que al llegar a Europa Occidental los mismos gitanos indicaron que su origen se situaba en Egipto, por lo que fueron denominados «egipcianos» (de ahí el origen de su nombre), lo cierto es que por sus características lingüísticas y raciales su origen debe situarse en la India.

La población de etnia gitana, al asentarse en Europa Occidental, muestra una serie de características, como el empleo de un idioma y traje propios; un comportamiento religioso heterodoxo, que hacía que las autoridades la calificaran indistintamente de ateos, agnósticos, idólatras o paganos, con importantes prácticas de curandería y brujería; y un modo de vida nómada, que los llevaba a emplearse preferentemente en oficios como el herraje de animales de tiro y de labor, la compraventa de ganado y la venta ambulante de variados productos, como la quincalla o la cestería.

Estas características, pronto convertidas en prejuicios estigmatizadores, fueron la justificación de la represión de la que será objeto este grupo étnico.

Su asentamiento en la Península se llevó a cabo sobre todo en las zonas litorales del sur y levante, especialmente en las provincias andaluzas. Frente a ello, el norte y centro peninsular vieron pocas familias asentarse en ellas.

Este fue el caso también de la Sierra de Segura, donde la presencia de población de etnia gitana fue muy escasa, pero no nula. El objetivo de este trabajo es aportar una síntesis de investigaciones más generales llevadas a cabo por distintos investigadores a nivel nacional o específicos de la región de Murcia. Hay que recordar que durante la Edad Moderna la Sierra de Segura perteneció al reino de Murcia.

LA POBLACIÓN DE ETNIA GITANA EN LA ESPAÑA MODERNA: DE LA ACOGIDA A LA REPRESIÓN

La población gitana llegó a Europa en el siglo XIV. Un siglo después entran en España, con el pretexto de ser refugiados político-religiosos frente al expansionismo turco, por lo que estos «egipcianos» fueron favorablemente acogidos. Así, las primeras noticias de su llegada en la actual provincia de Jaén se localizan en Jaén en 1462 y Andújar en 1470.

Sin embargo, las características singulares del grupo, sobre todo su cristianismo puesto en duda y su nomadismo, hicieron que se vieran afectados por la política de uniformización religiosa y establecimiento de un estado autoritario por los Reyes Católicos. Así, en 1499 se impone a la población gitana la alternativa entre la expulsión o el abandono del nomadismo asentándose como labradores, una medida que fue ratificada por Carlos I en 1525, 1528 y 1534, y por Felipe II en 1560. Se inicia así una política de sedentarización forzosa que se va a mantener a lo largo de toda la Edad Moderna, en ocasiones tomando medidas más extremas, como la real cédula de 19 de diciembre de 1572 que encargaba la captura de los gitanos aptos para el trabajo, tanto nómadas como avecindados, para servir como remeros en las galeras, los primeros como castigo por no cumplir las normas de sedentarización y los segundos a cambio de un sueldo, todo ello con el objetivo de suplir las bajas de remeros provocadas por la batalla de Lepanto del año anterior. Del mismo modo, los gitanos incumplidores de las órdenes reales fueron también condenados a trabajo forzado en las minas de Almadén. 

Así, tras no aplicarse medidas más extremas tendentes al exterminio, como la solicitada por las Cortes castellanas en 1594 y que consistía en separar a hombres y mujeres de esta etnia para evitar su reproducción, a lo largo del siglo XVII se van estableciendo medidas de sedentarización. En 1619 y 1633 se les exige su avecindamiento en una localidad para que la convivencia con la población local borrara sus rasgos étnicos singulares; se les prohíben sus nombres, lengua, traje y bailes característicos; y se les prohíbe también abandonar sus localidades sin autorización. En 1695, ya denominados como «castellanos nuevos», se les obliga a listarse en sus poblaciones, a no trabajar en la venta de animales y a trabajar obligatoriamente en la agricultura.

Todas estas medidas se endurecieron en el siglo XVIII. Así, en 1717 se establecieron 41 ciudades como residencias exclusivas de gitanos, donde serían estrechamente vigilados y no podrían salir sin autorización escrita. En 1746 a estas 41 ciudades se añadieron 34 ciudades más y su ordena un alistamiento que, junto a la anulación de su derecho de asilo en las iglesias concedido por el Papa en 1748, prepara la «Gran Redada» o captura de la población de esta etnia.

Esta se produjo en el verano de 1749, siendo apresados todos los gitanos y separados los hijos de sus padres. Las mujeres fueron encarceladas y los hombres útiles para el trabajo fueron recluidos en los Arsenales de la Marina. Estas drásticas medidas provocaron protestas no sólo de la víctimas, sino también de las autoridades locales, por lo que el rey terminó ordenando la liberación de los gitanos que estuvieran avalados por las citadas autoridades. Sin embargo, la liberación completa no llegó hasta 1763, cuando los últimos gitanos que quedaban en los arsenales fueron liberados.

Finalmente, en 1783 una nueva pragmática vuelve a confirmar las medidas de sedentarización y control, elaborándose como consecuencia de ello los censos de población de etnia gitana entre 1783 y 1785.  Para entonces, como indica Lebrón, tres siglos de represión habían disminuido su número y mayoritariamente ya habían abandonado el nomadismo y lo esencial de su lengua y su cultura, pese a lo cual pervivió su marginación por parte de la sociedad mayoritaria.

LA POBLACIÓN DE ETNIA GITANA EN LA SIERRA DE SEGURA

En principio, fueron pocas las familias de etnia gitana asentadas en la Sierra de Segura. Su escasa población y actividad económica, aislamiento y carácter montañoso la hacían menos atractiva que otras zonas próximas como el Levante Peninsular, el Valle del Guadalquivir o el reino de Granada, este último además con grandes facilidades de asentamiento por el vacío demográfico creado por la expulsión de los moriscos en 1570.

Mapa que muestra la presencia de personas de etnia gitana en las distintas provincias españolas según los registros de 1783-1785. Como se puede apreciar, estos se asentaron principalmente en Sur y Levante peninsular. Fuente: Bernard Lebrón: «El Gran fichero de los Gitanos de España».

Así, en los registros parroquiales de Siles de la segunda mitad del siglo XVI y de Santiago de la Espada de finales del XVI y Principios del XVII no hay constancia de ningún bautismo de personas de esta etnia. La primera referencia que tenemos en la Sierra de Segura data de 1572 cuando la justicia de Segura de la Sierra comunicó el apresamiento de un gitano «que andaba huido por esta Sierra» para evitar ser llevado a galeras, es decir, se trataba de una persona no avecindada en esta zona que la había escogido para esconderse de las autoridades por su ya citado carácter montañoso y aislamiento.

A lo largo del siglo XVII se hubieron de establecer en la Sierra de Segura familias de etnia gitana, pero estas fueron eliminadas con las normas de 1717 que establecían su asentamiento en localidades de más de 1.000 vecinos. Cuando las localidades donde se podían asentar fueron aumentadas en 1746, se incorporaron algunas cercanas a la Sierra de Segura como Hellín, Úbeda, Baeza y Mancha Real.

Pese a ello, en la «Gran Redada» de 1749, fueron capturadas dos familias asentadas en la Sierra. Así, la justicia de Orcera remitió a la Caja de Murcia  una familia compuesta por Juan de Castro (32 años), su mujer María Fernández (22 años), sus hijos Pedro Julián de Castro (3 años) y Constanza de Castro (1 año) y su padre Juan Fabián de Castro (68 años). Por su parte, la justicia del Hornillo (Santiago de la Espada) remitió una familia integrada por Pedro Antonio García (26 años), su mujer Isabel Fernández (26 años) y sus hijos Francisco García (7 años) y Pedro García (6 años).

Como consecuencia de todo ello, la presencia gitana a finales del siglo XVIII era muy escasa en la Sierra de Segura. Así, en el registro de 1783 sólo consta la presencia de Orcera de la familia de Juan de Torres y su mujer, mientras que se indica que en Siles, Torres, Hornos, Benatae, Génave, La Puerta, Santiago de la Espada, Villarrodrigo y Segura de la Sierra «no hay».

En los registros de 1784-1785 tenemos avecindado en Orcera al citado Juan de Torres, que había nacido en Tíjola (Almería)  y que en 1776 había sido condenado a 6 años de prisión en el Peñón de Alhucemas, seguramente por no cumplir las órdenes reales de sedentarización. Tras cumplir su condena, se estableció en Orcera, donde ya residía en 1783. Se dedicaba a variados oficios, como herrero, esquilador y canastero, es decir, haciendo «obras de mimbre y sarga», aunque todos ellos con dificultad, ya que estaba «impedido del brazo derecho». Este Juan de Torres estaba casado con Teresa Fernández, sin que conste que tuvieran hijos, aunque dada su edad al efectuarse el registro (60 años), puede que de haberlos tenido estos estuvieran ya emancipados y residieran en otras zonas.

Además de esta familia, consta la residencia en Santiago de la Espada de Pedro Jiménez, que había nacido en esa localidad en 1752. Estaba soltero y en 1782 había sido encarcelado en la cárcel de su localidad acusado de no tener ocupación fija (vagancia). Cuando se efectúa el registro de 1784 se fija su residencia en Santiago de la Espada, cosa que no ocurría en el registro de 1783. Puede que como consecuencia de su encarcelamiento un año antes se ausentara de su localidad, a la que acabó volviendo. 

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

  • Leblon, Bernard: El Gran Fichero de los Gitanos de España (siglos XV al XVIII). Historia de un genocidio programado. Madrid: Asociación de Enseñantes con Gitanos, 2017.
  • Martínez Martínez, Manuel: «Los gitanos en el reinado de Felipe II (1556-1598). El fracaso de una integración». Chronica Nova, 30 (2003-2004), pp. 401-430.
  • Martínez-Dhier, Alejandro: «<Expulsión o asimilación, esa es la cuestión>. Los gitanos en Castilla durante el gobierno de la Monarquía Absoluta». Revista de la Inquisición, 15 (2011), pp. 173-230.
  • Melendreras Gimeno, María del Carmen: «Aportación al estudio de un grupo marginado: los gitanos en Murcia durante el siglo XVIII, a través de las diferentes pragmáticas». Anales de la Universidad de Murcia. Letras, nº 2-3-4 (1981), pp., 81-137.
  • Peñafiel Ramón, Antonio: «Gitanos en Murcia en la primera mitad del siglo XVIII. ¿Integración o extinción?». Anales de Historia Contemporánea, 4 (1985), pp. 7-34.
  • Peñafiel Ramón, Antonio: «Los gitanos en España y región de Murcia. Seis siglos de marginación». Anales de Historia Contemporánea, 25 (2009), pp. 37-56.

martes, 10 de febrero de 2026

El Abuelo de Jaén

✝️ Leyenda de Nuestro Padre Jesús, “El Abuelo”.

  Una de las leyendas más arraigadas en la ciudad de Jaén, es la que hace referencia a la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno que, más allá de su significado religioso, es una de las señas de identidad de esta ciudad.

  Una tarde de agosto de 1590, un viejo peregrino, cansado, pidió asilo para pasar la noche en una modesta casería cercana al Puente de la Sierra -antigua zona de huertas situada a pocos kilómetros al sur de la ciudad de Jaén-. El anciano, que venía de muy lejos, se dirigía a Jaén pero, como estaba anocheciendo, a su llegada encontraría las puertas de la ciudad cerradas y rogó que le dejaran pernoctar bajo techo.Los labradores, piadosos y humanitarios, no dudaron un instante en concederle hospitalidad.

  Lo primero que hicieron fue cenar en la lonja de la casa para aprovechar el escaso hilo de viento existente. Mientras comían, el forastero se fijó en un gran tronco de pino que hacía las veces de banco donde sentarse. El viajero, que desde niño había trabajado con la madera, se lo pidió para hacer una imagen de Jesús en agradecimiento a su acogida.

 Antes de retirarse a la habitación para descansar, pidió a la pareja que trasladara el tronco al dormitorio porque nada más levantarse, viajaría a Jaén para ver el paño del Santo Rostro y a su regreso comenzaría la escultura.

  Al día siguiente, poco antes de la cena, volvió a presentarse el venerable anciano que relató la impresión que le causó la santa faz de Jesús. Apenas comió porque estaba muy cansado y decidió acostarse temprano pero, antes, dijo a los labriegos que permanecería en la habitación varios días sin salir hasta finalizar su obra y que no se preocupasen ni entraran en ella hasta que hubiera concluido.

  Cuando pasaron dos días, el matrimonio estaba preocupado porque en ese tiempo no habían escuchado ni el más mínimo ruido procedente de la estancia lo que era muy extraño porque, al tratarse de la talla de un madero, tendrían que producirse golpes con las gubias y escoplos. Aún así, esperaron otro día más.

  Nada más amanecer, subieron silenciosos por la estrecha escalera hasta el desván donde debía estar el viajero. Encontraron la puerta entreabierta, la empujaron suavemente y sus ojos quedaron deslumbrados al encontrar la figura de Jesús, casi desnudo, con el cuerpo ensangrentado y encorvado por el peso de la cruz, la mirada angustiada, dirigida al suelo y la boca entreabierta por el dolor, desde donde escapaba un hilo de sangre entre la comisura de sus labios.

  Cuando se repusieron de su asombro, los labradores buscaron algún rastro del viejo caminante que había realizado tan magnífica obra pero solo hallaron una nota que les decía: «a través de esta imagen, amadle con todo el corazón en la seguridad de que nunca os abandonará».

  Pronto se supo en toda la ciudad el extraordinario acontecimiento, siendo innumerables las personas que acudieron a contemplarlo a la casería cercana al Puente de la Sierra.

  Las autoridades eclesiásticas decidieron, entonces, trasladar la imagen al convento de los Carmelitas Descalzos, donde siguió recibiendo público culto.

  Esta es la razón por la que a esta imagen se la conoce como "El Abuelo".

sábado, 31 de enero de 2026

Orden y Respeto Gitano

Sentado junto a la lumbre,
con la noche por testigo,
vive un anciano gitano
de palabra firme y digno.
Sombrero de siglos puestos
sobre canas de camino,
en su bastón va la historia
de lo que fue y lo vivido.
No alza la voz, no hace falta,
su mirada da el aviso:
el orden nace del alma,
el respeto es compromiso.
Aprendió ley sin papeles,
la justicia en el oído,
que el honor no se presume,
se demuestra en el destino.
Saluda al fuego primero,
luego al pan y a los vecinos,
porque quien olvida el rito
pierde el norte y el sentido.
Es gitano de los viejos,
de los que marcan el ritmo,
cuando habla, calla el tiempo
y escucha todo el camino.
Y así, entre brasa y silencio,
custodia lo que hemos sido:
memoria, orden y respeto
del pueblo gitano vivo.

YA ESTÁ BIEN DE CULTURA GITANA SIN DERECHOS GITANOS!!!

 No es sostenible seguir hablando del Pueblo Gitano sin Gitanos… y sin reconocimiento político real.

La dimisión colectiva del Consejo Asesor del Instituto de Cultura Gitana no es un gesto simbólico: es una denuncia frontal a un sistema que escucha para la foto, pero decide sin contar con quienes representan al Pueblo Gitano.

Eso tiene un nombre: EXCLUSIÓN INSTITUCIONAL.

Y cansa. Y duele. Y es inaceptable en democracia.

No queremos ser un adorno cultural.

No queremos ser tema de estudio.

No queremos que hablen sobre nosotros mientras nos dejan fuera de las decisiones.

Lo que se está reclamando es algo básico y justo:

Un ESTATUTO CULTURAL DEL PUEBLO GITANO, que proteja nuestra identidad, nuestra historia, nuestra lengua y nuestras expresiones culturales como derechos reconocidos y garantizados, no como folclore decorativo.

UN RECONOCIMIENTO PLENO Y POLÍTICO, que sitúe al Pueblo Gitano como sujeto colectivo de derechos, con participación real en las instituciones y en las políticas que nos afectan.

Porque sin estructura legal, sin reconocimiento político y sin poder de decisión, todo lo demás son palabras bonitas vacías.

¡¡¡YA ESTÁ BIEN DE CULTURA GITANA SIN  DERECHOS GITANOS!!!


Ya está bien de representación sin poder

Ya está bien de decidir sobre el Pueblo Gitano sin el Pueblo Gitano.

Respeto no es invitarnos a la mesa.

Respeto es dejarnos decidir en ella.

#PuebloGitano #ReconocimientoPolítico #EstatutoCulturalGitano