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domingo, 26 de julio de 2026

El Tío José Torres de Osuna

La noche del 30 al 31 de julio de 1749: la noche en que quisieron borrar a un pueblo
Hay noches que no terminan cuando amanece. Hay noches que atraviesan los siglos y siguen respirando en la memoria de quienes heredaron el dolor de sus antepasados. 

La noche del 30 al 31 de julio de 1749 fue una de ellas.
Mientras España dormía, el poder ya había decidido el destino de miles de hombres, mujeres y niños gitanos. No fueron detenidos por haber cometido un delito. 
No fueron juzgados por ningún tribunal. No hubo defensa, ni acusación, ni justicia. Su única culpa era haber nacido gitanos.

Todo había sido preparado con precisión. Existían censos. Se sabía dónde vivía cada familia, dónde estaban sus casas, sus fraguas, sus herramientas, sus animales y los modestos bienes levantados con años de trabajo honrado. La operación no fue improvisada: fue planificada desde las más altas instituciones del Estado.
Con las puertas de muchas ciudades cerradas para impedir cualquier huida, soldados y autoridades irrumpieron de madrugada en los hogares gitanos. La oscuridad fue cómplice de una decisión política que hoy continúa siendo una de las páginas más silenciadas de nuestra historia.
Entonces comenzó el desgarramiento.
Los niños mayores de siete años fueron arrancados de los brazos de sus madres para ser enviados junto a los hombres a galeras, arsenales, presidios, minas como las de Almadén y otros lugares de trabajos forzados. 
Las mujeres fueron conducidas a casas de misericordia, conventos de clausura o destinadas al servicio de familias aristocráticas, privadas de su libertad y de su vida.
En una sola noche se rompieron familias enteras. Se quiso romper también la continuidad de un pueblo.
Los bienes fueron confiscados. Las viviendas, las fraguas, los animales, el dinero, las herramientas de trabajo... todo quedó inventariado y vendido. 
Los propios documentos conservados en los archivos muestran un nivel de detalle estremecedor. Pilar Távora rescató uno de esos inventarios donde, junto a la casa y el dinero de un matrimonio gitano, aparecían anotadas dos camisas, una pequeña caja con un espejo, dos peines y un rosario. 
Hasta esos objetos íntimos fueron subastados para sufragar el coste del cautiverio de quienes habían sido encarcelados sin haber cometido delito alguno.

No solo les arrebataron la libertad. Les arrebataron incluso el derecho a conservar los recuerdos más humildes de una vida.
Aquella operación fue impulsada durante el reinado de Fernando VI, bajo la dirección del marqués de la Ensenada y con la participación de altas autoridades de la época, entre ellas el obispo Diego de Rojas y Contreras, conocido como obispo de Oviedo, cuya colaboración fue relevante en la ejecución del plan. Su propósito era acabar con la presencia del pueblo gitano como comunidad diferenciada mediante la separación forzosa de hombres y mujeres e impedir así su continuidad.

Aquel intento de genocidio dejó heridas que nunca terminaron de cicatrizar.
Sin embargo, la historia oficial apenas ha reservado unas líneas para aquellos acontecimientos. 
No ocupa el lugar que merece en los libros de texto. 

Tampoco se estudia en las universidades. Generaciones enteras han terminado sus estudios sin saber que una madrugada de 1749 miles de ciudadanos fueron perseguidos únicamente por pertenecer al pueblo gitano.
El silencio también puede convertirse en una forma de injusticia.
Hoy no reclamamos venganza. 
No pedimos que se nos devuelvan las casas, el dinero, las fraguas o las pertenencias que los archivos demuestran que fueron confiscadas. 

El tiempo no puede devolver lo que arrebató la violencia.
Lo que reclamamos es algo mucho más sencillo y, al mismo tiempo, mucho más profundo: verdad, reconocimiento y memoria.

Porque un pueblo que desconoce el sufrimiento de una parte de su propia historia nunca termina de conocerse a sí mismo.
Reconocer la Gran Redada en toda su dimensión no divide a España. La hace más digna. 

No abre heridas; permite cerrarlas con la verdad. 
Porque solo cuando una sociedad es capaz de mirar de frente sus páginas más oscuras puede construir un futuro verdaderamente justo.
La madrugada del 30 al 31 de julio de 1749 no pertenece únicamente al pueblo gitano.
Pertenece a la conciencia de todos.
Jose torres de  Osuna

viernes, 24 de julio de 2026

Chipé Gitano Asesinado en Cartagena

decisión rápida y lo hizo. Estaban atrapados en la calle Sor Francisca Armendáriz y la muchedumbre comenzó a zarandear y golpear el vehículo. Antonio Martínez Norte lo vio claro. Sacó su arma y dirigiéndose a el Chipé le dijo: “Chipé, te voy a hacer un favor”. El detenido recibió un disparo en la base del cráneo que le causó la muerte. Seguidamente, Martínez Norte lo sacó del vehículo entregando el cuerpo del malogrado Chipé a la chusma y así, ante la confusión, el coche pudo abandonar el lugar.

 Muchos de los allí concentrados quedaron sorprendidos al ver el cadáver inerte a sus pies. La mayoría fue abandonando el lugar pero los más exaltados, un grupo de unos trescientos no conforme con su muerte, buscaron cuerdas, lo ataron por la cabeza y lo llevaron arrastrando hasta el Paseo de los Mártires de la Libertad, hoy Paseo de Alfonso XIII. Se dirigieron luego a la casa del veterinario Ramón Mercader, conocido derechista y protector de el Chipé, que lo contrataba como conductor de su carro para los viajes y también de guardaespaldas. Al llegar a la Plaza de España, se detuvieron donde vivía Mercader gritando: “Aquí tienes a tu protegido, tu cochero ha sido ajusticiado”.

 La marcha continuó por la calle del Carmen, Puertas de Murcia, calle Mayor y Plaza del Ayuntamiento en dirección al puerto. La cabeza de el Chipé golpeaba contra los adoquines. Llegados al muelle se les ocurrió que hacía mucho calor y pensaron en darle un remojón al cadáver, que debía de estar acalorado después de tan largo paseo. Después se dirigieron por el Paseo del Muelle hacia la zona de bares que se instalaban en verano. En la terraza del bar La Palma Valenciana colgaron el cadáver, después lo descolgaron y, atándolo por los pies, continuaron arrastrándolo hasta la Cuesta del Batel. Al llegar a las Puertas de San José, en la Plaza Bastarreche, lo rociaron de gasolina e intentaron prenderle fuego, pero el cuerpo no ardía ya que aún estaba mojado, así que pensaron que ya había sido suficiente y allí abandonaron el cadáver. Tuvo que ser a la mañana siguiente cuando miembros de la Cruz Roja recogieron al difunto y lo trasladaron al cementerio de los Remedios.

La muerte y posterior vejación del cadáver de el Chipé ha quedado en el recuerdo popular, surgiendo el dicho «te has de ver como el Chipé«, utilizado para dar a entender a otro el peligro de continuar en su postura errada.


martes, 21 de julio de 2026

La Puerta de Segura Jaén

La Puerta de Segura
Donde el río besa la piedra
y el puente abraza el ayer,
se detiene el alma en silencio
para aprender a volver.
Casas blancas de mil recuerdos,
montañas vestidas de sol;
cada rincón guarda una historia,
cada esquina, un corazón.
El agua pinta los reflejos
como un lienzo al atardecer;
y el tiempo, con manos de artista,
convierte la vida en ayer.
La Sierra susurra despacio
secretos que el viento llevó;
y quien pisa esta bendita tierra
ya nunca la olvida, por Dios.
La Puerta de Segura eterna,
tesoro de Jaén sin igual;
quien bebe de tus paisajes
siempre te vuelve a soñar.
Juan Carreño

viernes, 17 de julio de 2026

Juan Carreño

La Palabra
La mejor herramienta que tiene el hombre
no la forja el hierro ni la talla el fuego;
nace en el alma, cruza los labios
y deja huellas donde pisa el tiempo.
Con una palabra se levanta un caído,
se calma una tormenta,
se abraza una herida
y se enciende una esperanza.
Pero también una palabra sin conciencia
puede romper lo que el corazón tardó años en construir.
Por eso, antes de hablar,
deja que el corazón aconseje a la lengua,
porque quien honra su palabra
honra también su nombre.
La mejor herramienta que tiene el Hombre es la Palabra.

miércoles, 24 de junio de 2026

Juan Carreño y su Sierra de Segura

El aire fresco acaricia mi rostro
como la brisa del otoño entre los montes.
En plena Sierra de Segura siento su aliento,
limpio y sereno, despertando recuerdos dormidos.
Siempre fue un sueño roto,
una ilusión guardada en el rincón del alma,
pero hoy, en la madurez de mis años,
vuelve a cobrar vida y sentimiento.
Sierra de Segura, tierra querida,
ya te añoro incluso antes de llegar,
porque en ti descansan mis raíces,
mis recuerdos y mi verdad.
— Juan Carreño.

domingo, 7 de junio de 2026

Jerez y su Gitaneria

Mi Sobrina Samara Amador Garcia en Jerez el Sitio más Gitano de Andalucía ,donde ser Gitano es un Lujo donde no existe el Racismo , donde a los Gitanos se les llama Flamencos ....Andalucía También es Gitana ya lo dice un eslogan , un abrazo Gitano a todas y todos los Jerezanos .