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lunes, 19 de octubre de 2026

LEY GITANA

 

La ley gitana no está escrita en ningún sitio, sino que constituye un legado que se transmite de manera oral. Generalmente la impone el patriarca de cada familia, quien dicta las normas.

Aunque no esté escrita, es conocido que hay agravios considerados imperdonables por los gitanos como el robo entre gitanos o el abandono de un familiar en situaciones difíciles.


Esta etnia tiene un gran sentido de la familia y sus valores giran en su mayoría en la defensa de esta. Así encontramos como pilares fundamentales los siguientes:

  • La familia como máxima institución
  • Máximo respeto a los ancianos
  • Férreo cuidado de hijos y  ancianos
  • Hospitalidad
  • Cumplimiento de la ley gitana
  • Libertad como estado natural del individuo

EL CUADERNO DE UN GITANO



 

GITANOS EN HUESCAR BARRIIO SAN ISIDRO

 

El poblado gitano de los Moreno, 120 años 'aislados' del mundo: sordos y enanos pero sin Covid-19



Una comunidad de 500 personas vive a las afueras de Huéscar (Granada) sin apenas mantener contacto con el exterior y reproduciéndose entre sí. 


¿Cómo estáis ahí afuera?- pregunta María Pilar-. Imagino que será una locura.

Ahí afuera, en realidad, es aquí mismo, en esta calle de tierra rajada y piedras blanquecinas del barrio de San Isidro, en Huéscar (Granada). Ahí afuera es justo debajo de mis botas. Pero no en la cabeza de la mujer que habla.

- ¿Cómo estáis ahí afuera?- pregunta María Pilar-. Imagino que será una locura.

Ahí afuera, en realidad, es aquí mismo, en esta calle de tierra rajada y piedras blanquecinas del barrio de San Isidro, en Huéscar (Granada). Ahí afuera es justo debajo de mis botas. Pero no en la cabeza de la mujer que habla. 

Para María Pilar -chaparra, piel morena, sonrisa eterna, bata de casa roja con corazones blancos- ahí afuera es en el resto de España, donde usted, donde cuentan que una pandemia se ha llevado por delante la vida de más de 11.000 personas. Qué jodido.

Dicen por la tele que hay muchos muertos. ¡Qué pena más grande! Ese virus no distingue entre payos o gitanos. Yo no hago otra cosa que rezarle a las cruces de mi casa para que Dios nos proteja aquí dentro.

La mujer deja de hablar unos segundos. Ase del brazo al reportero. Con fuerza. Lo lleva a una habitación de su casa. Fuera hace frío. Dentro, un calor agradable por la chimenea de leña.

- Mira, esta es la cruz del abuelo de mi hija. La quitamos del féretro antes de su entierro. Es nuestra costumbre. Ahora le pido que aquí no entre ese endemoniao virus.

En la concepción mental de Remedios, su patria, su vida, su gente, su todo, no está más allá de esta veintena de callejuelas empinadas y repletas de casas-cueva que conforman San Isidro.

Aquí dentro viven los suyos desde principios del siglo pasado. Aquí, hace unos 120 años, una gitana, la Zopa, nació con los muslos gruesos y con malformaciones en los brazos debido al tipo de enanismo que sufría, la acondroplasia. Aquí dentro, con unos 500 vecinos, todos llevan el apellido Moreno. Muchos, si no la mayoría, incluso se apellidan Moreno Moreno. Aquí dentro, tras la venida al mundo de la Zopa, apenas se renueva la sangre porque sus habitantes tienen hijos entre sí. Y la Zopa, que aquí

suena a mito, ya no es la única enana. Con el paso de las generaciones hay cinco vecinos más con enanismo y unos 40 sordos, la otra discapacidad que golpea el barrio.

Aquí dentro los Moreno han creado una fortaleza sin muros ni torreones, una isla social escondida entre Granada y Almería, entre las sierras de Cazorla, la de Baza y la de María-Los Vélez. Una isla sin agua alrededor y a un paso del desierto de Tabernas. Algo excepcional. Tanto, que el coronavirus sigue sin entrar en sus casas, aunque ya esté en la mayoría de pueblos de la provincia de Granada, donde ha enfermado a 1.300 personas y matado a casi 100.

"En estas tierras nadie se ha sentido mal"

Es este pasado jueves. A ratos llueve sobre Huéscar. Relampaguea. Por el camino al fotógrafo y a mí nos ha nevado. A veces cae el diluvio y a veces sale el sol. El día, como este país, ha enloquecido. El pueblo, como el resto de España, está confinado. 

En la entrada, un empleado de una gasolinera fuma un cigarrillo apoyado en un dispensador de gasolina. Los otros 7.500 vecinos, con uno de ellos contagiado, están en sus casas. O casi.

En el barrio de San Isidro, apartado del núcleo urbano, no existe el confinamiento. La Policía Local y la Guardia Civil han pasado alguna que otra vez durante estas últimas tres semanas. Piden que todo el mundo entre en sus casas. Se les hace caso... pero sólo a medias.

Conforme se van los picoletos, las familias gitanas salen a la calle.

- Nosotros no salimos de aquí, dice Francisco Moreno Moreno, el patriarca de San Isidro.

Ese aquí, para Francisco, no es su casa. Aquí es su barrio entero. Por eso pasea entre la débil llovizna que ahora cae. Habla con vecinos. Entra en otras viviendas. Lo de la distancia de un par de metros aquí no existe.

- Por el momento, en estas tierras nadie se ha sentido mal. El virus no ha llegado. ¡Y que no llegue!

Francisco, que tiene seis hijos, es el padre de María Pilar, la mujer de la bata roja con corazones blancos. María de los Ángeles, una gitana que lleva un pañuelo palestino en la cabeza y un mandil debajo del jersey, es la mujer de Francisco y la madre de María Pilar. 

- Si se guarda la gente- dice María de los Ángeles mientras sus nietos corretean de casa en casa- estaremos a salvo. Yo no he gastado más lejía y alcohol en mi vida. Nos lavamos las manos a cada rato. ¿No dicen que eso mata al virus?


Los Moreno Moreno

A principios del siglo pasado se instaló en Huéscar la comunidad gitana, que durante años fue nómada por estas tierras de la Andalucía oriental. Sus miembros solían dedicarse a la venta de canastas y a pelar a los animales yendo de mercadillo en mercadillo. Se quedaron en las cuevas de la zona, donde proliferan por su relativa cercanía al desierto almeriense de Tabernas. Fueron dos o tres familias las que se asentaron. Una de ellas era los Moreno Moreno, cuyos descendientes llegan a la actualidad.

En total, en Huéscar viven ahora en torno a 550 gitanos. Unos pocos residen en el casco urbano. La mayoría, unos 500, en San Isidro, adonde se llega saliendo del pueblo y girando a la derecha por una carretera que pronto deja de serlo para convertirse en un camino sin asfaltar.

En San Isidro no existen cifras oficiales. Sólo cabe la cruda realidad. La luz y el agua corriente llegaron aquí a finales de los 90. Hasta entonces se cocinaba sobre leña y en cazos de hierro fundidos a mano. La mayoría de los vecinos no están alfabetizados.

Indalecio, uno de ellos, tiene 27 años. No sabe leer ni escribir. Pero sí de cazar jilgueros. Lleva uno siempre consigo dentro de una jaula. A veces, mientras camina sin rumbo, pone pegamento entre un puñado de ramitas con unas migas de pan. Dice que por si acaso se queda pegado algún pajarillo que le guste.


Indalecio fuma a destajo. En el dorso de la mano izquierda lleva tatuado el nombre de su ex, Patricia, con la que tuvo una hija.

- Me dejó. Se fue con otro de Lorca (Murcia). De aquí sólo se van los que ponen cuernos.

En San Isidro muchos niños no acuden al colegio y sus padres temen a los servicios sociales como a una vara verde. Aquí, el trabajo es lo que algún privilegiado tiene en el campo recogiendo hortalizas para un terrateniente. 

En este barrio que no es un barrio sino un gueto se subsiste de las ayudas sociales, de Cáritas o de los pollos que primero se crían y luego se cuecen con arroz en una olla. 

En San Isidro, como apenas nadie va ni casi nadie viene -los periodistas parecemos como llegados de Australia- las relaciones sentimentales y sexuales, salvo excepciones, se tienen con los vecinos del barrio. Con la prima hermana. Con el sobrino segundo. Y ahí es donde vienen los problemas genéticos.

Ese proceso reproductivo endogámico y carente de renovación genética es la causa de los dos grandes males, la sordera y el enanismo, que se ceban con los gitanos de Huéscar.



https://www.blogger.com/blog/post/edit/3959388910146623813/964675914348555622

martes, 13 de octubre de 2026

Pensamientos reales

Y se hizo de noche,
y aún parecía brillar el sol,
y no era el sol,
era la gracia divina asomando entre las colinas,
para ungir, en silencio,
a aquellos que aún creen firmemente en su poder.

viernes, 2 de octubre de 2026

Nicolas Jiménez González


 

      Mi Gran Amigo , cuantas cosas he aprendido de el.


       

1968, Madrid (Estado español)

Es gitano, licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid y máster en Investigación Educativa por la Universidad de Alicante. Ha sido docente de Formación Profesional, consultor de varias organizaciones gitanas, profesor-lector en la Universidad de Alcalá, donde impartió la asignatura “Gitanos de España. Historia y cultura”, y frutero. Ha participado en grupos de trabajo, foros y redes profesionales sobre el Pueblo Gitano en España y Europa. Activista por la lengua romaní, ha impartido cursos, elaborado el primer manual para su aprendizaje y traducido al castellano la poesía de Rajko Ðuric. Es autor de Romanó y romipén. Historia, cultura e idioma del Pueblo Gitano (Catarata, 2025), coautor de Resistencias gitanas (Libros.com, 2020) y ¿Anarquismo gitano? (Catarata, 2024), y coeditor de Sastipen aj rroma: desigualdad en salud y comunidad gitana (UA, 2015). También ha participado en el libro colectivo Re-thinking Roma Resistance throughout History: Recounting Stories of Strength and Bravery (ERIAC, 2023).


https://www.txalaparta.eus/es/libros/autores/nicolas-jimenez-gonzalez

LA POBLACIÓN DE ETNIA GITANA EN LA SIERRA DE SEGURA EN LA EDAD MODERNA

 

Análisis de la presencia de población de etnia gitana en la Sierra de Segura en la Edad Moderna, por Carlos Javier Garrido García.



Personas de etnia gitana realizando una de sus actividades tradicionales: compra y venta de ganado. Fuente: ungitanodepalabra.blogspot.com

INTRODUCCIÓN

Pese a que al llegar a Europa Occidental los mismos gitanos indicaron que su origen se situaba en Egipto, por lo que fueron denominados «egipcianos» (de ahí el origen de su nombre), lo cierto es que por sus características lingüísticas y raciales su origen debe situarse en la India.

La población de etnia gitana, al asentarse en Europa Occidental, muestra una serie de características, como el empleo de un idioma y traje propios; un comportamiento religioso heterodoxo, que hacía que las autoridades la calificaran indistintamente de ateos, agnósticos, idólatras o paganos, con importantes prácticas de curandería y brujería; y un modo de vida nómada, que los llevaba a emplearse preferentemente en oficios como el herraje de animales de tiro y de labor, la compraventa de ganado y la venta ambulante de variados productos, como la quincalla o la cestería.

Estas características, pronto convertidas en prejuicios estigmatizadores, fueron la justificación de la represión de la que será objeto este grupo étnico.

Su asentamiento en la Península se llevó a cabo sobre todo en las zonas litorales del sur y levante, especialmente en las provincias andaluzas. Frente a ello, el norte y centro peninsular vieron pocas familias asentarse en ellas.

Este fue el caso también de la Sierra de Segura, donde la presencia de población de etnia gitana fue muy escasa, pero no nula. El objetivo de este trabajo es aportar una síntesis de investigaciones más generales llevadas a cabo por distintos investigadores a nivel nacional o específicos de la región de Murcia. Hay que recordar que durante la Edad Moderna la Sierra de Segura perteneció al reino de Murcia.

LA POBLACIÓN DE ETNIA GITANA EN LA ESPAÑA MODERNA: DE LA ACOGIDA A LA REPRESIÓN

La población gitana llegó a Europa en el siglo XIV. Un siglo después entran en España, con el pretexto de ser refugiados político-religiosos frente al expansionismo turco, por lo que estos «egipcianos» fueron favorablemente acogidos. Así, las primeras noticias de su llegada en la actual provincia de Jaén se localizan en Jaén en 1462 y Andújar en 1470.

Sin embargo, las características singulares del grupo, sobre todo su cristianismo puesto en duda y su nomadismo, hicieron que se vieran afectados por la política de uniformización religiosa y establecimiento de un estado autoritario por los Reyes Católicos. Así, en 1499 se impone a la población gitana la alternativa entre la expulsión o el abandono del nomadismo asentándose como labradores, una medida que fue ratificada por Carlos I en 1525, 1528 y 1534, y por Felipe II en 1560. Se inicia así una política de sedentarización forzosa que se va a mantener a lo largo de toda la Edad Moderna, en ocasiones tomando medidas más extremas, como la real cédula de 19 de diciembre de 1572 que encargaba la captura de los gitanos aptos para el trabajo, tanto nómadas como avecindados, para servir como remeros en las galeras, los primeros como castigo por no cumplir las normas de sedentarización y los segundos a cambio de un sueldo, todo ello con el objetivo de suplir las bajas de remeros provocadas por la batalla de Lepanto del año anterior. Del mismo modo, los gitanos incumplidores de las órdenes reales fueron también condenados a trabajo forzado en las minas de Almadén. 

Así, tras no aplicarse medidas más extremas tendentes al exterminio, como la solicitada por las Cortes castellanas en 1594 y que consistía en separar a hombres y mujeres de esta etnia para evitar su reproducción, a lo largo del siglo XVII se van estableciendo medidas de sedentarización. En 1619 y 1633 se les exige su avecindamiento en una localidad para que la convivencia con la población local borrara sus rasgos étnicos singulares; se les prohíben sus nombres, lengua, traje y bailes característicos; y se les prohíbe también abandonar sus localidades sin autorización. En 1695, ya denominados como «castellanos nuevos», se les obliga a listarse en sus poblaciones, a no trabajar en la venta de animales y a trabajar obligatoriamente en la agricultura.

Todas estas medidas se endurecieron en el siglo XVIII. Así, en 1717 se establecieron 41 ciudades como residencias exclusivas de gitanos, donde serían estrechamente vigilados y no podrían salir sin autorización escrita. En 1746 a estas 41 ciudades se añadieron 34 ciudades más y su ordena un alistamiento que, junto a la anulación de su derecho de asilo en las iglesias concedido por el Papa en 1748, prepara la «Gran Redada» o captura de la población de esta etnia.

Esta se produjo en el verano de 1749, siendo apresados todos los gitanos y separados los hijos de sus padres. Las mujeres fueron encarceladas y los hombres útiles para el trabajo fueron recluidos en los Arsenales de la Marina. Estas drásticas medidas provocaron protestas no sólo de la víctimas, sino también de las autoridades locales, por lo que el rey terminó ordenando la liberación de los gitanos que estuvieran avalados por las citadas autoridades. Sin embargo, la liberación completa no llegó hasta 1763, cuando los últimos gitanos que quedaban en los arsenales fueron liberados.

Finalmente, en 1783 una nueva pragmática vuelve a confirmar las medidas de sedentarización y control, elaborándose como consecuencia de ello los censos de población de etnia gitana entre 1783 y 1785.  Para entonces, como indica Leblon, tres siglos de represión habían disminuido su número y mayoritariamente ya habían abandonado el nomadismo y lo esencial de su lengua y su cultura, pese a lo cual pervivió su marginación por parte de la sociedad mayoritaria.

LA POBLACIÓN DE ETNIA GITANA EN LA SIERRA DE SEGURA

En principio, fueron pocas las familias de etnia gitana asentadas en la Sierra de Segura. Su escasa población y actividad económica, aislamiento y carácter montañoso la hacían menos atractiva que otras zonas próximas como el Levante Peninsular, el Valle del Guadalquivir o el reino de Granada, este último además con grandes facilidades de asentamiento por el vacío demográfico creado por la expulsión de los moriscos en 1570.

Mapa que muestra la presencia de personas de etnia gitana en las distintas provincias españolas según los registros de 1783-1785. Como se puede apreciar, estos se asentaron principalmente en Sur y Levante peninsular. Fuente: Bernard Leblon: «El Gran fichero de los Gitanos de España».

Así, en los registros parroquiales de Siles de la segunda mitad del siglo XVI y de Santiago de la Espada de finales del XVI y Principios del XVII no hay constancia de ningún bautismo de personas de esta etnia. La primera referencia que tenemos en la Sierra de Segura data de 1572 cuando la justicia de Segura de la Sierra comunicó el apresamiento de un gitano «que andaba huido por esta Sierra» para evitar ser llevado a galeras, es decir, se trataba de una persona no avecindada en esta zona que la había escogido para esconderse de las autoridades por su ya citado carácter montañoso y aislamiento.

A lo largo del siglo XVII se hubieron de establecer en la Sierra de Segura familias de etnia gitana, pero estas fueron eliminadas con las normas de 1717 que establecían su asentamiento en localidades de más de 1.000 vecinos. Cuando las localidades donde se podían asentar fueron aumentadas en 1746, se incorporaron algunas cercanas a la Sierra de Segura como Hellín, Úbeda, Baeza y Mancha Real.

Pese a ello, en la «Gran Redada» de 1749, fueron capturadas dos familias asentadas en la Sierra. Así, la justicia de Orcera remitió a la Caja de Murcia  una familia compuesta por Juan de Castro (32 años), su mujer María Fernández (22 años), sus hijos Pedro Julián de Castro (3 años) y Constanza de Castro (1 año) y su padre Juan Fabián de Castro (68 años). Por su parte, la justicia del Hornillo (Santiago de la Espada) remitió una familia integrada por Pedro Antonio García (26 años), su mujer Isabel Fernández (26 años) y sus hijos Francisco García (7 años) y Pedro García (6 años).

Como consecuencia de todo ello, la presencia gitana a finales del siglo XVIII era muy escasa en la Sierra de Segura. Así, en el registro de 1783 sólo consta la presencia de Orcera de la familia de Juan de Torres y su mujer, mientras que se indica que en Siles, Torres, Hornos, Benatae, Génave, La Puerta, Santiago de la Espada, Villarrodrigo y Segura de la Sierra «no hay».

En los registros de 1784-1785 tenemos avecindado en Orcera al citado Juan de Torres, que había nacido en Tíjola (Almería)  y que en 1776 había sido condenado a 6 años de prisión en el Peñón de Alhucemas, seguramente por no cumplir las órdenes reales de sedentarización. Tras cumplir su condena, se estableció en Orcera, donde ya residía en 1783. Se dedicaba a variados oficios, como herrero, esquilador y canastero, es decir, haciendo «obras de mimbre y sarga», aunque todos ellos con dificultad, ya que estaba «impedido del brazo derecho». Este Juan de Torres estaba casado con Teresa Fernández, sin que conste que tuvieran hijos, aunque dada su edad al efectuarse el registro (60 años), puede que de haberlos tenido estos estuvieran ya emancipados y residieran en otras zonas.

Además de esta familia, consta la residencia en Santiago de la Espada de Pedro Jiménez, que había nacido en esa localidad en 1752. Estaba soltero y en 1782 había sido encarcelado en la cárcel de su localidad acusado de no tener ocupación fija (vagancia). Cuando se efectúa el registro de 1784 se fija su residencia en Santiago de la Espada, cosa que no ocurría en el registro de 1783. Puede que como consecuencia de su encarcelamiento un año antes se ausentara de su localidad, a la que acabó volviendo. 

FUENTES Y BIBLIOGRAFÍA

  • Leblon, Bernard: El Gran Fichero de los Gitanos de España (siglos XV al XVIII). Historia de un genocidio programado. Madrid: Asociación de Enseñantes con Gitanos, 2017.
  • Martínez Martínez, Manuel: «Los gitanos en el reinado de Felipe II (1556-1598). El fracaso de una integración». Chronica Nova, 30 (2003-2004), pp. 401-430.
  • Martínez-Dhier, Alejandro: «<Expulsión o asimilación, esa es la cuestión>. Los gitanos en Castilla durante el gobierno de la Monarquía Absoluta». Revista de la Inquisición, 15 (2011), pp. 173-230.
  • Melendreras Gimeno, María del Carmen: «Aportación al estudio de un grupo marginado: los gitanos en Murcia durante el siglo XVIII, a través de las diferentes pragmáticas». Anales de la Universidad de Murcia. Letras, nº 2-3-4 (1981), pp., 81-137.
  • Peñafiel Ramón, Antonio: «Gitanos en Murcia en la primera mitad del siglo XVIII. ¿Integración o extinción?». Anales de Historia Contemporánea, 4 (1985), pp. 7-34.
  • Peñafiel Ramón, Antonio: «Los gitanos en España y región de Murcia. Seis siglos de marginación». Anales de Historia Contemporánea, 25 (2009), pp. 37-56.