Los Gitanos de Albox
Miguel Ángel Alonso Mellado
Todo grupo social autóctono, toda minoría, necesita para sobrevivir en medio de un mundo
que le es ajeno, la posesión de una cultura propia. Los gitanos no han sido una excepción; si
han conseguido mantenerse unidos y salvaguardar su forma de vida a través de siglos de
persecución, ha sido debido únicamente a la obediencia y devoción que han prestado a sus
leyes, unas leyes que se han transmitido de generación en generación sin estar escritas, por vía
oral. Este conjunto de leyes son las que rigen sus comportamientos en la comunidad,
prohibiendo engañar o incumplir los compromisos fijados con otros miembros de su misma
raza, por lo que, los códigos morales, legal y oficialmente instituidos en el sistema social
«payo», son desestimados de una manera clara y rotunda.
Por todo lo anterior, perder su cultura, su compendio de valores, supone para el pueblo «calé»
su extinción como tal, y de aquí se deriva la crisis actual de la mentalidad gitana. La integración
es del todo precisa y supondrá grandes beneficios, pero, ¿Cuánta parte de sí mismos será
necesario destruir para conseguirla? De esto depende todo.
Los gitanos de Albox han preferido ocupaciones que les permitieran el control sobre su trabajo,
así como cierta independencia por lo que han sido artesanos metalúrgicos (hojalateros,
estañaores), tratantes, esquilaores, quincalleros, etc...), esto es, actividades en las que las
familias se especializaban en ciertos oficios creando tradiciones familiares asociadas a ellos con
capacidad para combinar oficios para adaptarse a condiciones de necesidad y pobreza.
Los gitanos nunca cambiaron su cultura, su orden social, por decreto. Ha sido la evolución del
mundo
lLos martes en Almanzora se ponía un gitano de Albox en la esquina de la posá de Enrique, justo
en la Plaza del Palacio y ponía las herraduras a las caballerías que venían de la Sierra de los
Filabres y pasaban para el mercado de Albox; venían de los cortijos de Albanchez, de Cóbdar o
incluso desde Tahal, tardando 6 o 7 horas en llegar. Esa madrugada, la Plaza parecía una
autopista incesante de bestias pasando con lo que criaban allí arriba: quesos, chotillos,
guarines, etc… y que vendían debajo del puente de Albox para, así, comprar allí lo que no
tenían en Filabres: arroz, habichuelas, lentejas, garbanzos o fideos. Decir también que la gente
de Almanzora, si había salido el río ese martes, les cobraban a los de Filabres por cruzarlo en
las Gachasmigas.
La diferencia que existe en este tipo de esquila, con respecto a la de las ovejas, es que requiere
más aprendizaje y adquiere la categoría de arte. El esquilador realizaba su labor al aire libre,
pero si llovía, lógicamente, había de colocarse a cubierto, debido a que la esquila no se puede
realizar sobre animales con el pelo mojado. La primera esquila se hacía por septiembre, luego
venía la de la feria de Los Santos en noviembre.
Y después, la de finales de febrero y marzo;
con esto, se protegía a los animales del frío y las heladas más fuertes.es. Con esta pela ya
estaban más preparados para el laboreo, evitando que sudaran. En efecto, las razones para
pelar a los animales eran que estuvieran más frescos a la hora de realizar las labores del campo
que corresponden a esa época del año y también que su higiene fuera mayor.
En Albox había un dicho para cuando algún esquilaor no había hecho un trabajo del todo fino
con el pollino se decía: “burro mal pelao, a los quince días emparejao”.
Quería decir que en dos
semanas ya no se iba a notar el trasquilón. Un reconocido esquilaor gitano albojense era
Domingo “el Bruja” y otro lo fue Juan “el Cojo”; otro fue Juan Fernández “Emparejado” que era
otro gitano esquilaor del Barrialto. Un gran esquilaor y lañaor fue Bartolomé Fernández
Contreras que iba con un carro por los pueblos de manera errante, le enseñó el oficio a su hijo
Juan Fernández que ha sido uno de los últimos esquilaores de la zona. Aunque no abundaban,
también hubo un esquilaor que era castellano, “el Alonso”, le decían. Los dibujos que solían
hacer los esquilaores de Albox, al pelar las bestias, eran dos espigas con tallo y dos rayas dentro
de un círculo grande.
Miguel Ángel Alonso Mellado