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martes, 27 de octubre de 2026

Los Gitanos de Albox

Los Gitanos de Albox Miguel Ángel Alonso Mellado Todo grupo social autóctono, toda minoría, necesita para sobrevivir en medio de un mundo que le es ajeno, la posesión de una cultura propia. Los gitanos no han sido una excepción; si han conseguido mantenerse unidos y salvaguardar su forma de vida a través de siglos de persecución, ha sido debido únicamente a la obediencia y devoción que han prestado a sus leyes, unas leyes que se han transmitido de generación en generación sin estar escritas, por vía oral. Este conjunto de leyes son las que rigen sus comportamientos en la comunidad, prohibiendo engañar o incumplir los compromisos fijados con otros miembros de su misma raza, por lo que, los códigos morales, legal y oficialmente instituidos en el sistema social «payo», son desestimados de una manera clara y rotunda. Por todo lo anterior, perder su cultura, su compendio de valores, supone para el pueblo «calé» su extinción como tal, y de aquí se deriva la crisis actual de la mentalidad gitana. La integración es del todo precisa y supondrá grandes beneficios, pero, ¿Cuánta parte de sí mismos será necesario destruir para conseguirla? De esto depende todo. 

Los gitanos de Albox han preferido ocupaciones que les permitieran el control sobre su trabajo, así como cierta independencia por lo que han sido artesanos metalúrgicos (hojalateros, estañaores), tratantes, esquilaores, quincalleros, etc...), esto es, actividades en las que las familias se especializaban en ciertos oficios creando tradiciones familiares asociadas a ellos con capacidad para combinar oficios para adaptarse a condiciones de necesidad y pobreza. Los gitanos nunca cambiaron su cultura, su orden social, por decreto. Ha sido la evolución del mundo

lLos martes en Almanzora se ponía un gitano de Albox en la esquina de la posá de Enrique, justo en la Plaza del Palacio y ponía las herraduras a las caballerías que venían de la Sierra de los Filabres y pasaban para el mercado de Albox; venían de los cortijos de Albanchez, de Cóbdar o incluso desde Tahal, tardando 6 o 7 horas en llegar. Esa madrugada, la Plaza parecía una autopista incesante de bestias pasando con lo que criaban allí arriba: quesos, chotillos, guarines, etc… y que vendían debajo del puente de Albox para, así, comprar allí lo que no tenían en Filabres: arroz, habichuelas, lentejas, garbanzos o fideos. Decir también que la gente de Almanzora, si había salido el río ese martes, les cobraban a los de Filabres por cruzarlo en las Gachasmigas. La diferencia que existe en este tipo de esquila, con respecto a la de las ovejas, es que requiere más aprendizaje y adquiere la categoría de arte. El esquilador realizaba su labor al aire libre, pero si llovía, lógicamente, había de colocarse a cubierto, debido a que la esquila no se puede realizar sobre animales con el pelo mojado. La primera esquila se hacía por septiembre, luego venía la de la feria de Los Santos en noviembre.

 Y después, la de finales de febrero y marzo; con esto, se protegía a los animales del frío y las heladas más fuertes.es. Con esta pela ya estaban más preparados para el laboreo, evitando que sudaran. En efecto, las razones para pelar a los animales eran que estuvieran más frescos a la hora de realizar las labores del campo que corresponden a esa época del año y también que su higiene fuera mayor. En Albox había un dicho para cuando algún esquilaor no había hecho un trabajo del todo fino con el pollino se decía: “burro mal pelao, a los quince días emparejao”. 

Quería decir que en dos semanas ya no se iba a notar el trasquilón. Un reconocido esquilaor gitano albojense era Domingo “el Bruja” y otro lo fue Juan “el Cojo”; otro fue Juan Fernández “Emparejado” que era otro gitano esquilaor del Barrialto. Un gran esquilaor y lañaor fue Bartolomé Fernández Contreras que iba con un carro por los pueblos de manera errante, le enseñó el oficio a su hijo Juan Fernández que ha sido uno de los últimos esquilaores de la zona. Aunque no abundaban, también hubo un esquilaor que era castellano, “el Alonso”, le decían. Los dibujos que solían hacer los esquilaores de Albox, al pelar las bestias, eran dos espigas con tallo y dos rayas dentro de un círculo grande.


Miguel Ángel Alonso Mellado